Tipos de violencia



La Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, aprobada en Resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas 48/104, del 20 de diciembre de 1993, publicada en febrero de 1994 (ONU,1993) es el primer documento a nivel internacional, que aborda clara y específicamente las tipologías de violencia contra la mujer donde indica que “la violencia contra la mujer es todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino, que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se produce en la vida pública como en la vida privada.”(ONU,1993)

De igual manera, dicho documento especifica desde dónde podría venir la violencia, ya sea desde la misma familia (incluyendo la pareja), desde la comunidad (incluyendo acoso) y desde el estado. 

En este trabajo abordaré la violencia específicamente desde el acoso, ya sea de manera física (el agresor ha ido a su casa, ha hablado con su familia, manda flores o comida, la espera fuera de su casa, etc.), sexual (desde besos o caricias no deseadas  hasta tocamientos y roces), acoso político que engloba el acoso físico y cibernético, y la violencia institucional por parte del estado.

La conexión entre discurso disciplinario y violencia se refiere al vínculo entre el Estado/nación y medios de comunicación. En este aspecto, para Castells, el Estado/nación es el depositario exclusivo de la violencia y los medios son productores y difusores del discurso disciplinario. (Torres, 2012) En la era digital, la nación en el sentido de la comunidad social (en este caso la peruana) es también productora y difusora de este discurso disciplinario y a su vez, son productores de violencia. Entonces ejercen doble función hacia una misma víctima: la mujer.

En el caso de las víctimas entrevistadas en esta investigación, ellas fueron violentadas, y las que hicieron o quisieron hacer denuncia, recibieron revictimización por parte de las mismas instituciones, generalmente, llenas de victimarios.

Por instituciones no solo me refiero a las establecidas por el Estado Peruano sino también por las privadas. En dos casos referidos en esta investigación vemos organizaciones de veganos y de ateos que han actuado de manera similar ante situaciones de testimonios de violencias frente a personas importantes dentro de sus instituciones. De igual manera lo hemos visto dentro de otras instituciones académicas dentro de nuestra misma universidad como es el caso de la Clínica Jurídica de Derechos de las Personas con Discapacidad – PUCP. Ese fue el caso de Sara Gutiérrez, una de mis entrevistadas, quien tiene discapacidad motora y quiso recibir apoyo legal:

“Traté de denunciarlo legalmente con una página de asesoría jurídica de la Universidad Católica para personas con discapacidad y me dijeron que no, que qué pena que estaba pasando por eso pero ellos no podían hacer nada en ese momento y que lo único que podía hacer era denunciarlo por Facebook” (S. Gutiérrez, entrevista por Zoom, 1 de junio del 2020).

Las respuestas de las instituciones a la violencia sexual son predeciblemente insatisfactorias. Algunos ejemplos de ello se ven en paneles de revisión de investigaciones que están diseñados para proteger a los investigadores, no cuentan con la vulnerabilidad de las estudiantes y en el evento de que una sea atacada por uno de estos investigadores, quedan en medio de la obligación ética de “proteger” a sus investigadores y la necesidad de asegurar la seguridad de sus estudiantes. (Walters, 2020)

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