Testimonios de violencias en Medios Digitales



Muchos autores consideran el testimonio como muy importante para la historia de un país, en especial los latinoamericanos que consideran la oralidad como un aspecto clave de nuestra cultura. Las ciencias sociales utilizaron los testimonios sociales desde los 60s hasta los 80s como parte central de movimientos sindicalistas, sin embargo luego fueron utilizados para dar a conocer los momentos más difíciles que tuvo nuestro país en la guerra interna. De alguna manera cerraron un capítulo y dieron voz a mujeres y hombres que quisieron contar sus historias.

La primera persona es importante a la hora de contar un testimonio. Como diría Beverly (1987), el narrador es protagonista o testigo de su propio relato y suele ser una vivencia fuerte que se tiene la necesidad de contar porque surge de alguna experiencia de represión, pobreza, explotación, marginación, crimen, etc.  tal y como sucedió en las Audiencias Públicas que llevó a cabo la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Aún es difícil para las mujeres salir al frente a contar por lo que pasaron, sin embargo, lo que las mujeres que cuentan su testimonio de violencia pretenden hacer es lo siguiente:

“La toma de conciencia de la magnitud del daño causado a nuestra sociedad debe llevarnos a todos a asumir parte de la responsabilidad”

Esta frase es parte del Informe Final de la CVR pero bien podría ser utilizado al hablar de testimonio de violencia en medios digitales, ya que enfatiza el deseo de las mujeres entrevistadas para que haya una responsabilidad como estado que no ha podido resolver los casos de ninguna de ellas, aún teniendo pruebas y testigos. Las mujeres ya entrevistadas muestran su deseo a que como testimonio “sirva para otras mujeres”. Como lo dice el prefacio del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación: 

“La historia del Perú registra más de un trance difícil, penoso, de auténtica postración nacional. Pero, con seguridad, ninguno de ellos merece estar marcado tan rotundamente con el sello de la vergüenza y el deshonor como el fragmento de historia que estamos obligados a contar en estas páginas.”

Para estas mujeres no es motivo de vergüenza o deshonor, tampoco es motivo de alegría u orgullo, pero afirman que es algo que tienen que hacer como parte de algo mayor que ellas o para que pueda servir para futuras mujeres que pasen por la misma situación a modo de compromiso ético para atender situaciones de precariedad o necesidad: solidaridad.

La misión específica del testimonio sería desafiar la historia oficial, escrita desde los intereses de las clases dominantes, y mostrar la otra cara de la moneda: dar la voz a »los de abajo», a los oprimidos, carentes de acceso a los canales oficiales de producción y de propagación de mensajes. (Volek, 2000) Es ahí donde las redes sociales cobran un interés especial porque ellas son las que utilizan estos canales para publicar sus testimonios. 

El movimiento #MeToo es importante y ha crecido más allá del hashtag a una respuesta por parte de las violentadas y discriminadas que, ya sea individual o colectivamente han utilizado las redes sociales para instaurar memoria y generar denuncias de sus testimonio, cosa que se les ha negado en instancias oficiales. Butler dice los “testimonios que reflejan el mundo en el que habitualmente vivimos”. (2020. p. 22). Si bien “Ni Una Menos” era una forma de solidaridad entre las vivas, #MeToo es una forma de solidaridad con otra que le puede pasar, le pasó o le está pasando y es por esto que los testimonios con o sin el hashtag, pero que embarcan la misma denuncia de violencia, son importantes.

Investigadoras feministas de Internet han analizado cómo el papel de los medios digitales han sido claves para el suministro de herramientas de empoderamiento, permitiendo que tanto hombres como mujeres se desempeñen libremente, escapando de las normas opresivas de género del mundo fuera de línea (Miller, 2016). Es decir, han encontrado en los medios digitales la manera de encontrar apoyo y solidaridad.

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